Puerto de Málaga
Manuel Barrón y Carrillo

Puerto de Málaga

1847
  • Óleo sobre lienzo

    45 x 84 cm

    CTB.2002.5

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Por formato y características, este paisaje entra dentro de las pautas de la típica pintura de gabinete del siglo XIX. El lienzo recoge una panorámica de la ciudad de Málaga con una vista desde una orientación suroeste, en el final de una tarde sombría animada por vientos del interior. Una visión con luces de ocaso en una atmósfera muy del gusto romántico, pero en contradicción con la orientación real del poniente, en el lado contrario al del lienzo; a no ser que se tratara de una vista al amanecer, cosa que consideramos improbable en el caso de Barrón. Más bien hemos de pensar que el artista partió de una imagen previa, realizada con esa iluminación, y que desarrolla con sus propias soluciones plásticas, por lo que con seguridad se trata de un paisaje elaborado a partir de una estampa o iconografía previa de la ciudad.

Todo ello añade un sentido enfático y teatral que aquí se hace evidente, en especial en las zonas en penumbra alternando con las iluminadas; un recurso de hecho muy utilizado en las obras de Barrón. Muy expresivas son las luces sobre la montaña de Gibralfaro y los lienzos de las murallas árabes de la Alcazaba, el conjunto de las velas de los navíos concentrados en su puerto, el perfil lejano del faro de San Nicolás y las chimeneas de algún vapor, así como las mecidas olas que, de manera un tanto artificial, chocan con las rocas en el primer plano.

Recordemos la importancia del desarrollo de una nueva sociedad en la España del siglo XIX, en donde las ciudades españolas de la periferia cobran una nueva pujanza. En el marco andaluz, en concreto, serán Málaga y muy especialmente Cádiz, con sus activos puertos de mar, las ciudades que cobran una especial relevancia social y un destacado desarrollo económico, político y cultural. Por ello no es de extrañar, en el caso de la producción de un artista paisajista como Barrón, este tipo de obras, productos de encargos y consecuencia de la identificación de cierta burguesía local con la imagen de un territorio en la que se enmarcan sus actividades comerciales y culturales.

En consecuencia, este tipo de paisajes, con su puerto, sus monumentos y sus alrededores, es un nuevo producto cultural, en parte debido a la ratificación que algunos artistas andaluces como Barrón hacen de las imágenes que otros artistas extranjeros gestaron con anterioridad. En este sentido, cabría hablar de la iconografía en la que se basa esta pintura respetando muchos de sus elementos y distribuciones. Concretamente está realizada a partir de un grabado de Alexandre de Laborde perteneciente al Voyage pittoresque et historique de l’Espagne, editado en París en 1806.

Juan Fernández Lacomba