Vista del Guadarrama desde El Plantío
Aureliano de Beruete y Moret

Vista del Guadarrama desde El Plantío

1901
  • Óleo sobre lienzo

    48,7 x 78 cm

    CTB.1999.21

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

El lienzo plasma una vista de la sierra de Guadarrama con sus cumbres nevadas, en un día encapotado de nubes, que se ciñen a las crestas de las montañas. En primer término, amplios prados verdes a los que suceden desmontes de arboleda.

Entre los paisajes castellanos descubiertos por los pinceles de Aureliano de Beruete, y de los que la Colección de la baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza cuenta ya con un excelente ejemplo en la panorámica de Ávila (p. *), pintada por este artista en 1909, Guadarrama y los alrededores de la llamada «sierra pobre» de Madrid fueron desde fecha muy temprana parajes predilectos de este gran maestro. En efecto, sus lienzos son testimonios de excepción bien elocuentes del movimiento surgido a finales del siglo XIX en el seno de la Institución Libre de Enseñanza por la recuperación de los valores más genuinos de los modos de vida en los pueblos próximos a Madrid, en contraposición con el materialismo artificioso y vacuo de la capital, de la que el propio Beruete sería protagonista activo, escribiendo el drama titulado Entre rocas, ambientado en las sociedades rurales de la sierra, que se estrenó en el Teatro Español de Madrid el 15 de enero de 1900.

Como es habitual en el maestro, este paisaje, de calidad espléndida y esquema compositivo extremadamente simple, está construido a base de grandes franjas, dividido el lienzo en su mitad por la línea del horizonte, concediendo idéntica expresividad pictórica a las bandas cambiantes de color de las llanuras y a la intensidad luminosa del celaje, resuelto con una técnica enérgica y empastada, de trazo ancho y denso, que se funde con los blancos y azules de las montañas, interpretados con una franqueza de toque absoluta, que deja imprecisos los diferentes elementos del paisaje, sintetizándolos en puros golpes de luz y color, de asombrosa agudeza visual.

Curiosamente, Beruete debió de sentir especial predilección por instalar su caballete en este punto de vista de la sierra madrileña desde el Plantío de los Infantes, ya que, entre sus muchos cuadros dedicados a esta zona de la provincia de Madrid, se conoce una Vista del Guadarrama tomada en 1905 desde idéntica ubicación, aunque en una panorámica algo más amplia, captada sin embargo en un día despejado, en la que se concretan mucho más los diferentes elementos del paisaje, y aun otra, titulada Vista de la Sierra de Guadarrama, de encuadre también extraordinariamente semejante, regalada por el hijo del artista en 1912 a la Hispanic Society of America.

El cuadro conserva su marco original, de idéntico diseño al que presentan otras vistas semejantes pintadas por Beruete que figuraron en la exposición póstuma que le dedicó su íntimo amigo Joaquín Sorolla, y en la que figuró con el n.o 210 un estudio de El Guadarrama, montado en un panel junto a otros diez, fechados entre 1900 y 1902, aunque no parece que pueda tratarse del presente lienzo, que supera con mucho el carácter de un mero apunte.

Debió de ser pintado en los primeros meses de 1901, ya que desde mayo de ese año Beruete se dedicó a viajar por Europa, con estancias en San Juan de Luz, Nantes, Londres y Quimperlé (Bretaña), regresando a Madrid a finales de septiembre, de donde se trasladó a los pocos días a Toledo.

José Luis Díez