Invierno en Andalucía. (Bosque de álamos con rebaño en Alcalá de Guadaíra)
Emilio Sánchez-Perrier

Invierno en Andalucía. (Bosque de álamos con rebaño en Alcalá de Guadaíra)

1880
  • Óleo sobre tabla

    45 x 31,9 cm

    CTB.1997.23

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Esta interesante y delicada obra, rica en sutiles y sorprendentes observaciones sobre la naturaleza, recoge una escena de un bosque de álamos despojados de sus hojas en una silenciosa mañana gris de invierno. Un hálito al fondo, húmedo y neblinoso, confunde las lomas cercanas con las copas de los árboles, que muestran con detalle las peculiaridades de troncos y verdinas en una confrontación de formas y ritmos de despojada sensualidad.

El estudio exhaustivo de troncos y ramas aparece matizado por tonalidades platas que contrastan con la parte inferior de la composición, donde arbustos y zarzas hacen un tanto inaccesible el paraje. Un grupo de corderos pastan a los pies de los esbeltos troncos, muy probablemente en las proximidades de la ribera del Guadaíra, en Alcalá, localidad de escenarios pintorescos enlazada por ferrocarril con la muy próxima Sevilla, y donde aparece la obra firmada en 1880.

La pintura hemos de identificarla con la titulada Invierno en Andalucía, que junto a Jardín del Alcázar de Sevilla, Sánchez-Perrier llevó consigo en su primer viaje a París, siendo expuestas en el Salon de 1880. En tal ocasión, el crítico Véron aludió a ella como: «Una delicadeza de vegetación muy agradable, lo mismo que los corderos que pastan como en primavera. Los abedules y los robles están dibujados con una rara delicadeza. Preferiríamos una nota más fría y más triste. Es igual, he ahí un bonito invierno muy delicado y muy conseguido».

Ambas pinturas, aparte de manifestar un interés hacia la transcripción de los efectos de las estaciones sobre el paisaje, debieron de tener éxito y acogida en el mercado, según registró en sus diarios el agente artístico en París, G.A. Lucas, que adquirió con frecuencia obras de Sánchez-Perrier a todo lo largo de la vida de pintor.

Un año más tarde, el artista vuelve a participar en el Salon parisino con otra pareja de cuadros, donde repite con variantes la misma temática: Huerta del Alcázar de Sevilla y Las últimas hojas. Ambas también representan una cierta madurez técnica del artista a la edad de veinticinco años. Igualmente firmadas en Alcalá en 1880, quizás pertenezcan a una misma serie, con las que directamente se relaciona la tabla que comentamos.

Juan Fernández Lacomba